LA MUERTE DEL YO
Tal y como la serpiente muda su vieja piel, sentí como algo antiguo se desprendía de mis hombros, como si una piel usada por fin entendiera que ya no le pertenecía a mi cuerpo.
De pronto, en el aire quedó el eco de una pregunta: ¿quién soy cuando dejo de ser lo que aprendí a parecer?
Me quedé en silencio, y, aunque el vacío de aquella pregunta se clavó como una aguja en mi alma, sentí alivio, paz. Supongo que el confort de volver a casa. Mi alma respiró hondo por primera vez. Sentí que algo nuevo, algo mío, algo que empezaba a levantarse desde dentro.
Eché la vista atrás y vi a mi antiguo yo a tan sólo unos pasos de mí. Observé como se desvanecía al alba, como las cenizas de una hoguera que estuvo ardiendo durante toda la noche. Y mientras observaba como se disolvía, entendí que nunca fue mi enemigo, sino el puente para llegar hasta aquí.
Y en ese instante lo comprendí: no había perdido nada solo había dejado caer lo que ya no podía sostenerme, aquello que no podía acompañarme al siguiente nivel. Ya había cumplido su misión.
Frente a mí, quedó un lienzo en blanco esperando a ser pintado de nuevo.
Y fue en ese entonces, cuando supe que la "muerte del yo" no es una caída, sino un regreso a tu centro. Un volver a la raíz.

Comentarios
Publicar un comentario