LA MUERTE DEL YO


Hubo un momento, no sabría precisar cuando ni dónde, en que el personaje que había sostenido tantos años comenzó a agrietarse. No hizo ruido. No dolió. El personaje cayó y detrás había alguien que siempre estuvo esperando. 

Tal y como la serpiente muda su vieja piel, sentí como algo antiguo se desprendía de mis hombros, como si una piel usada por fin entendiera que ya no le pertenecía a mi cuerpo. 

De pronto, en el aire quedó el eco de una pregunta: ¿quién soy cuando dejo de ser lo que aprendí a parecer?

Me quedé en silencio, y, aunque el vacío de aquella pregunta se clavó como una aguja en mi alma, sentí alivio, paz. Supongo que el confort de volver a casa. Mi alma respiró hondo por primera vez. Sentí que algo nuevo, algo mío, algo que empezaba a levantarse desde dentro. 

Eché la vista atrás y vi a mi antiguo yo a tan sólo unos pasos de mí. Observé como se desvanecía al alba, como las cenizas de una hoguera que estuvo ardiendo durante toda la noche. Y mientras observaba como se disolvía, entendí que nunca fue mi enemigo, sino el puente para llegar hasta aquí. 

Y en ese instante lo comprendí: no había perdido nada solo había dejado caer lo que ya no podía sostenerme, aquello que no podía acompañarme al siguiente nivel. Ya había cumplido su misión. 

Frente a mí, quedó un lienzo en blanco esperando a ser pintado de nuevo. 

Y fue en ese entonces, cuando supe que la "muerte del yo" no es una caída, sino un regreso a tu centro. Un volver a la raíz.

Comentarios

Gemma ha dicho que…
Maravilloso
Alba Morales González ha dicho que…
¡Mil gracias Gemma!
Antonia ha dicho que…
Cautivante, sigue así. Tocas perfectamente los puntos sensibles del alma.
Alba Morales González ha dicho que…
¡Muchísimas gracias por tu comentario Antonia! 😊 Me enorgullece mucho saberlo. ¡Seguiré con ello!

Popular Posts