Terremoto

Habían pasado un par de años desde que su corazón dejó de latir, al menos bombeado por algún sentimiento, distinto a la amistad o la simple atracción sexual. Habían sido en concreto cuatro otoños, cuatro inviernos, cuatro primaveras y cuatro veranos.
Había pasado tanto tiempo, que incluso la soledad ya formaba parte de ella, era un complemento más que la hacía singular y distinta a las demás, quizás era por eso que permanecía fiel a soledad o quizás no...
Había vencido domingos de lluvia ella sola y algún que otro estúpido San Valentín, así como cumpleaños y el año nuevo sin el condenado "Quiero un... bla bla bla... contigo".
Como la mayor parte de las cosas buenas que llegan sin ser previstas, una tarde de otro verano cualquiera, un fortuito mensaje se colaba entre sus notificaciones. Era sin más, un mensaje como otro cualquiera, era simple y sencillo y quizás sea por eso por lo que contestó, pues siempre le gustó lo corriente.
Ni ella misma sabía que estaba a punto de iniciar una lucha entre "miedos" y "sentimientos", algo que había comenzado de una manera tan sencilla como podía acabar siendo tan grande.
Así fue como un par de ideas en común, una serie de gustos peculiares que escapaban de los normales y bastante atracción se hicieron con el escudo que había llevado hasta entonces. Un escudo que comenzó a quebrarse con cada beso y abrazo, con cada noche de risas y cervezas, hasta que con el primer "te quiero" esa armadura se iba desvaneciendo cada vez más, era casi inexistente...
Se apoderó de su yo más guardado como el terremoto que se apodera del epicentro de la tierra y se propaga por toda la superficie alborotando todo lo que deja a su paso.

"Terremoto" porque la descolocó por completo todos los sentimientos, así sin ser previsto y aguardando algo muy grande dentro de una pequeña sencillez.

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