Cuando congeniamos
Le gustaba más que mirar por la ventana los días de lluvia cuando las gotas se deslizan por el cristal, más que escuchar llover a la par que una cae profundamente dormida.
Era la otra fracción que siempre había buscado, aquella capaz de vencer todas sus inseguridades y completar las locuras tan distinguidas de su personalidad, la cual siempre le había asustado, no a ella sino al resto, por ser demasiado singular o especial quizás...¡Por fin había encontrado alguien con quien poder ser ella misma, sin filtros!
Le gustaba, sabía que le gustaba, porque cuando le veía se le ponía la misma cara que se nos pone cuando vemos que nuestra madre ha hecho nuestra comida favorita o la misma que cuando encontramos algo de dinero en alguna chaqueta vieja y nos sentimos...tan afortunados, con detalles tan simples.
La ilusión en los ojos y el alborozo en su sonrisa eran los mayores chivatos en cuanto a sentimientos para alguien con exceso de arrogancia.
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