Ella lo tenía todo

Era guapa. No especialmente inteligente, pero sí aplicada.
Simpática, humilde, puro corazón.

Un día, mientras almorzaba sola en el comedor del instituto, una nueva amiga esa que tiempo después derrumbaría su mundo se sentó a su lado.
Empezaron a charlar. Parecían tener tanto en común, parecía que se entendían tanto, que con los meses se volvieron inseparables.

Como toda amistad, tuvieron sus luces y sombras…
hasta que la sombra empezó a devorarlo todo.

Ella comenzó a apagarse día a día. Caminaba por los pasillos como un fantasma. Su amiga ya no era tan amiga: llegaron las pullas, los insultos, los desprecios continuos. Humillaciones que iban arrancándole, una a una, las capas de seguridad que le quedaban.

Aquella chica que un día presumía de belleza ya no encontraba nada bello en sí misma.
La que cuidaba cada trabajo, cada examen, ahora apenas podía sostenerse en su pupitre.

Y así fue cómo su nueva amiga, “Sociedad”, la arrastró a un pozo sin fondo.

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